Por Alberto Avilés Senés
Después de todo, si bien hace una semana pensaba que el golpe militar en Honduras no parecía haber sido un cuartelazo organizado en los sótanos de la Agencia Central de Inteligencia, sino una asonada diseñada por la oligarquía local, parece que sí participaron algunos sectores del actual gobierno estadounidense.
Llegué a pensar que no se trató de una descarada intervención imperialista porque temprano el día del golpe la secretaria de Estado Hillary Clinton aseguró que la captura de Manuel Zelaya constituía una violación al régimen democrático hondureño y que el secuestro del gobernante debía ser “condenado por todos”.
Razoné asimismo, en tal sentido, debido a que el presidente Barack Obama se había declarado "profundamente preocupado" por la situación, exigiendo "respeto a las normas democráticas, el imperio de la ley y los fundamentos de la Carta Democrática Interamericana".
Pero hoy, aun cuando considero probable que tanto Hillary como Obama pudieron haber sido sinceros, estoy convencido de que Estados Unidos no fue ajeno a la asonada. Al menos no lo fueron el Pentágono y la CIA, que incluso a espaldas y por encima del presidente en turno son los encargados de satisfacer la vocación imperial estadounidense.
Además, durante los últimos días, las piezas del rompecabezas han ido situándose en su lugar. Obama, por ejemplo, rehusó el viernes 3 de julio reunirse con Zelaya, quien asistía en Washington a una reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA), y su gobierno es uno de los pocos que no han retirado al embajador en Tegucigalpa.
El jueves, el presidente venezolano Hugo Chávez acusó a la extrema derecha estadounidense, pero no a Obama, de haber estado involucrada en la destitución, por la vía de los fusiles, del gobierno legítimo hondureño.
A dar más claridad contribuyeron las declaraciones de algunos congresistas republicanos, tradicionalmente ligados con la extrema derecha durante el régimen del ex-presidente George W. Bush.
Dana Rohrabacher, Thad McCotter, Connie Mack y Mario y Lincoln Diaz-Balart, enviaron al Presidente el jueves pasado una carta en la que expresan: "Le escribimos buscando su explícita y personal certidumbre de que los servicios de inteligencia o fuerzas del orden de Estados Unidos no disponen de informes que impliquen a la administración hondureña de Manuel Zelaya, incluyendo a Zelaya mismo, en el tráfico de narcóticos ilegales a través de territorio hondureño, o en cualesquiera otros vínculos con el tráfico de drogas”.
“Puede ser que Obama no haya sabido (de los planes golpistas), pero estoy seguro de que el embajador en Honduras, Hugo Lorens, el mismo que cuando Bush era presidente, sabía del golpe”, declaró Chávez el sábado en su programa radial semanal “Aló Presidente” (sin coma, igual que “Vamos México”).
Chávez calificó la posición de Obama, por no haber llamado a una “inmediata e incondicional restauración de Zelaya”, como “blandengue”, y en su habitual y coloquial lenguaje le exigió: “defínete, chico. O eres molusco o eres calamar”.
Mientras tanto, el argentino Adolfo Pérez Esquivel, quien en 1980 recibió el Premio Nóbel de la Paz por su compromiso con la defensa de los Derechos Humanos en Latinoamérica, criticaba las contradicciones del Presidente en el caso, señalando que "llama mucho la atención que Obama se niegue a recibir a Zelaya”, y preguntándose: “¿El Departamento de Estado, la Agencia Central de Inteligencia y el Pentágono conocían de esos planes?".
Muy difícil es pensar que la oligarquía y los militares de Honduras hubieran actuado solos, pues Estados Unidos tiene bases militares de incalculable valor estratégico en ese país, mismas que sirvieron como plataforma de lanzamiento a la ilegal guerra de Ronald Reagan, en los años 80, contra la Revolución Sandinista en Nicaragua.
Pero Obama quizá no pudo evitar sumarse retóricamente al clamor mundial a favor de Zelaya y las leyes, y en contra de la asonada. Después de todo, tenía que ser políticamente correcto, a pesar de que los sectores duros e intervensionistas de su gobierno lo hubieran descobijado mostrándole al mundo quién en realidad manda en Estados Unidos y, por consiguiente, en el Hemisferio.
Está por verse qué tanto Barack Obama es el depositario del poder real en su país, y si quienes en realidad gobiernan tienen no sólo el control absoluto de las finanzas públicas, sino de las veleidades intervencionistas en que siempre han estado involucrados los gringos.
Alberto@AquiMero.com
Sunday, July 05, 2009
Sunday, June 28, 2009
Injustificable asonada en Honduras
Por Alberto Avilés Senés
Con el secuestro durante la madrugada de ayer domingo, en Tegucigalpa, del presidente Manuel Zelaya Rosales, Honduras desventuradamente reinauguró en América Latina la era de las sublevaciones militares.
Ese día, el Congreso de aquel país nombró presidente interino a Roberto Micheletti, hasta entonces máximo líder parlamentario. Desde Costa Rica, por su parte, a donde fue enviado por los sediciosos, Zelaya ha llamado a la “resistencia civil pacífica” para restablecer el orden constitucional.
Antes, sin embargo, los militares golpistas detuvieron y vejaron a varios diplomáticos representantes de gobiernos de izquierda, lo que habla una enormidad de sus propósitos. Entre los diplomáticos brutalmente ultrajados estaba la cancillera hondureña Patricia Rodas, quien posteriormente, junto a sus colegas extranjeros, finalmente fue liberada.
La comunidad mundial unánimemente censuró la rotura de la legalidad en Honduras. El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, convocó a una reunión urgente del Consejo Permanente para estudiar la crisis y "defender la estabilidad democrática" en ese país.
Más allá fue el presidente de la Asamblea General de la ONU, el nicaragüense Miguel D' Escoto, quien reprobó "de forma clara, rotunda e inequívoca" la asonada y exigió el inmediato retorno de Zelaya a Honduras para poner fin al "quebrantamiento de la legalidad constituyente y democrática".
Pero más duro aun fue el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, cuando se refirió a un "golpe de Estado troglodita" y a un "atropello contra Honduras y los pueblos de América Latina", prometiendo hacer todo lo posible por reparar la tropelía castrense.
Chávez mismo fue objeto del alzamiento anterior en el continente, cuando en abril de 2002 fue separado brevemente de su cargo por militares insurrectos asesorados por la administración del funesto y celebérrimo George W. Bush, quien precoz y desvergonzadamente reconoció al brevísimo gobierno golpista.
Chávez advirtió, además, que si el embajador o la embajada de su país en Tegucigalpa son atacados, “Venezuela responderá con la guerra”.
Los llamados a mantener los preceptos legales se sucedieron torrencialmente durante todo el domingo por parte de la comunidad mundial. El presidente de Parlamento Europeo, el checo Jan Kohout, calificó los acontecimientos como “una violación al orden constitucional” y demandó la restitución de Zelaya en el cargo.
A su vez, José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno de España, expresó su “más enérgica condena” por la detención y expulsión “ilegales” de su homólogo hondureño, mientras que el Congreso de dicho país aprobó unánimemente una declaración condenando el golpe.
Éste, sin embargo, parece no haber sido un cuartelazo organizado en los subterráneos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Todo indica, hasta el momento, que se trató de un golpe diseñado por la oligarquía local, que no veía con buenos ojos un referendo, que de haber sido aprobado permitiría la reelección presidencial, convocado por Zelaya, quien no obstante el sábado había declarado enfáticamente que él no intentaría reelegirse inmediatamente.
Afirmo que no se trata de una descarada intervención imperialista porque ayer temprano la secretaria de Estado vecina, Hillary Clinton, aseguró que la captura de Zelaya constituía una violación al régimen democrático hondureño y que el secuestro del gobernante debía ser “condenado por todos”.
Previamente, mediante una declaración bastante floja, por cierto, su jefe, el presidente Barack Obama, se dijo "profundamente preocupado" por la situación y pidió "respeto a las normas democráticas, el imperio de la ley y los fundamentos de la Carta Democrática Interamericana". Obama, quien condenó así la trasgresión pero no ha exigido el retorno de la legalidad a Honduras, debe aseverar, en términos inequívocos, que la vocación golpista estadounidense ha quedado enterrada para siempre.
Esperemos que la “resistencia civil pacífica” convocada por Zelaya, junto a la decidida presión internacional, traducida ésta en una negativa absoluta a reconocer al gobierno espurio, logren que Honduras regrese muy pronto a su régimen constitucional, con su presidente legítimo al frente, y que no tengamos que lamentar ahí una revuelta sangrienta.
Alberto@AquiMero.com
www.Yunaites.com
Con el secuestro durante la madrugada de ayer domingo, en Tegucigalpa, del presidente Manuel Zelaya Rosales, Honduras desventuradamente reinauguró en América Latina la era de las sublevaciones militares.
Ese día, el Congreso de aquel país nombró presidente interino a Roberto Micheletti, hasta entonces máximo líder parlamentario. Desde Costa Rica, por su parte, a donde fue enviado por los sediciosos, Zelaya ha llamado a la “resistencia civil pacífica” para restablecer el orden constitucional.
Antes, sin embargo, los militares golpistas detuvieron y vejaron a varios diplomáticos representantes de gobiernos de izquierda, lo que habla una enormidad de sus propósitos. Entre los diplomáticos brutalmente ultrajados estaba la cancillera hondureña Patricia Rodas, quien posteriormente, junto a sus colegas extranjeros, finalmente fue liberada.
La comunidad mundial unánimemente censuró la rotura de la legalidad en Honduras. El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, convocó a una reunión urgente del Consejo Permanente para estudiar la crisis y "defender la estabilidad democrática" en ese país.
Más allá fue el presidente de la Asamblea General de la ONU, el nicaragüense Miguel D' Escoto, quien reprobó "de forma clara, rotunda e inequívoca" la asonada y exigió el inmediato retorno de Zelaya a Honduras para poner fin al "quebrantamiento de la legalidad constituyente y democrática".
Pero más duro aun fue el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, cuando se refirió a un "golpe de Estado troglodita" y a un "atropello contra Honduras y los pueblos de América Latina", prometiendo hacer todo lo posible por reparar la tropelía castrense.
Chávez mismo fue objeto del alzamiento anterior en el continente, cuando en abril de 2002 fue separado brevemente de su cargo por militares insurrectos asesorados por la administración del funesto y celebérrimo George W. Bush, quien precoz y desvergonzadamente reconoció al brevísimo gobierno golpista.
Chávez advirtió, además, que si el embajador o la embajada de su país en Tegucigalpa son atacados, “Venezuela responderá con la guerra”.
Los llamados a mantener los preceptos legales se sucedieron torrencialmente durante todo el domingo por parte de la comunidad mundial. El presidente de Parlamento Europeo, el checo Jan Kohout, calificó los acontecimientos como “una violación al orden constitucional” y demandó la restitución de Zelaya en el cargo.
A su vez, José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno de España, expresó su “más enérgica condena” por la detención y expulsión “ilegales” de su homólogo hondureño, mientras que el Congreso de dicho país aprobó unánimemente una declaración condenando el golpe.
Éste, sin embargo, parece no haber sido un cuartelazo organizado en los subterráneos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Todo indica, hasta el momento, que se trató de un golpe diseñado por la oligarquía local, que no veía con buenos ojos un referendo, que de haber sido aprobado permitiría la reelección presidencial, convocado por Zelaya, quien no obstante el sábado había declarado enfáticamente que él no intentaría reelegirse inmediatamente.
Afirmo que no se trata de una descarada intervención imperialista porque ayer temprano la secretaria de Estado vecina, Hillary Clinton, aseguró que la captura de Zelaya constituía una violación al régimen democrático hondureño y que el secuestro del gobernante debía ser “condenado por todos”.
Previamente, mediante una declaración bastante floja, por cierto, su jefe, el presidente Barack Obama, se dijo "profundamente preocupado" por la situación y pidió "respeto a las normas democráticas, el imperio de la ley y los fundamentos de la Carta Democrática Interamericana". Obama, quien condenó así la trasgresión pero no ha exigido el retorno de la legalidad a Honduras, debe aseverar, en términos inequívocos, que la vocación golpista estadounidense ha quedado enterrada para siempre.
Esperemos que la “resistencia civil pacífica” convocada por Zelaya, junto a la decidida presión internacional, traducida ésta en una negativa absoluta a reconocer al gobierno espurio, logren que Honduras regrese muy pronto a su régimen constitucional, con su presidente legítimo al frente, y que no tengamos que lamentar ahí una revuelta sangrienta.
Alberto@AquiMero.com
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Sunday, June 21, 2009
¡Feliz Día del Padre... y del Compadre!
Por Alberto Avilés Senés
No se trata de aguarle a nadie la fiesta, pero, aunque así fuera, hoy ya es demasiado tarde, pues el Día del Padre se celebró el domingo anterior tanto en México y Estados Unidos como en otros países donde la población obedece sumisamente los dictados consumistas del mercado.
Este festejo, como muchos otros en el almanaque que nada tienen que ver con honrar a quienes queremos, encierra un fin estrictamente comercial, acicateado por agresivas campañas publicitarias que tasan el amor de los hijos a sus padres en el valor de los regalos que muchos se sienten obligados a darles.
Personalmente, también yo he pedido a mis hijos un regalo con motivo del Día del Padre: que ignoren la fecha. Sin embargo, no recibí de ellos tal cuelga. Y los comprendo, pues debe haberles sido muy difícil otorgarme un presente tan oneroso, pero genuinamente les agradezco la comida y el agua de colonia.
El Día de las Madres, festejo del que deriva el del padre, es quizás otra historia, pues si bien el bombardeo publicitario es incluso más inclemente con motivo de esa fecha, resuelve de alguna manera el sentimiento de culpa que nos acarrea el ver a las madres de familia durante todo el año llevando a cuestas una carga muy frecuentemente desproporcionada.
Pero ¿qué solemos, o solíamos, regalar a nuestra progenitora en su día? Licuadoras, sartenes, vajillas o, si de veras nos portábamos generosos y el presupuesto familiar lo permitía, una lavadora de ropa.
Los expertos en marketing han llegado a extremos como inventar homenajes tan absurdos como el día del compadre, el del abuelo y el de la secretaria, si bien, que yo sepa, no hay día de la comadre ni del secretario ni de la abuela. Y no es que compadres, comadres, secretarias y abuelos no merezcan todo nuestro respeto, admiración y cariño; el problema radica en los provocadores empujones propagandísticos para que sigamos comprando artículos que nadie necesita, los cuales muchas veces tienen que ser sufragados con tarjetas de crédito.
Pero hay otros festejos que considero particularmente afrentosos, por ser copias mal hechas de festividades importadas que, además de exacerbar el consumismo, socavan nuestra esencia como nación.
Me refiero al almidonado y cursi Día de San Valentín del 14 de febrero, cuando, además de un regalo, los amantes más apasionados llenan de pétalos de rosas el lecho íntimo de la pareja. ¡Qué gesto tan romántico! ¿O engomado?
Hablo también del Halloween gringo, que en muchas regiones de México ha venido a desplazar a nuestro tradicional Día de Muertos con bailes de disfraces donde los participantes no parecen tener otro oficio que hacer el ridículo.
Pero hay otro acontecimiento más azarosamente representativo de la penetración cultural (con todas y cada una de las acepciones del verbo penetrar) de que nuestra juventud es objeto a partir de la influencia de un sector de la sociedad que prefiere sentirse extranjero antes que mexicano. Me refiero al Día de Gracias o Thanksgiving.
Ya decíamos hace meses que nada hay de reprobable en ser agradecidos, pero de lo que los anglosajones en Estados Unidos dan gracias el último jueves de noviembre es del asentamiento de los colonizadores o Pilgrims, a principios de los 1600, tras el despojo de sus tierras y demás posesiones a los indios, a quienes además casi exterminaron.
En el colmo del malinchismo, sin referente alguno que sustente el significado de tal conmemoración y espoleados por un mimetismo incongruente, en muchos hogares mexicanos empiezan ya a celebrarse cenas de Thanksgiving.
Ojalá, como decíamos aquí mismo en noviembre de 2007, no estén celebrando el asentamiento de colonizadores anglosajones en nuestro territorio, aunque sí están propiciando el establecimiento de costumbres que poco a poco van privando a nuestra juventud de su identidad cultural.
Alberto@AquiMero.com
No se trata de aguarle a nadie la fiesta, pero, aunque así fuera, hoy ya es demasiado tarde, pues el Día del Padre se celebró el domingo anterior tanto en México y Estados Unidos como en otros países donde la población obedece sumisamente los dictados consumistas del mercado.
Este festejo, como muchos otros en el almanaque que nada tienen que ver con honrar a quienes queremos, encierra un fin estrictamente comercial, acicateado por agresivas campañas publicitarias que tasan el amor de los hijos a sus padres en el valor de los regalos que muchos se sienten obligados a darles.
Personalmente, también yo he pedido a mis hijos un regalo con motivo del Día del Padre: que ignoren la fecha. Sin embargo, no recibí de ellos tal cuelga. Y los comprendo, pues debe haberles sido muy difícil otorgarme un presente tan oneroso, pero genuinamente les agradezco la comida y el agua de colonia.
El Día de las Madres, festejo del que deriva el del padre, es quizás otra historia, pues si bien el bombardeo publicitario es incluso más inclemente con motivo de esa fecha, resuelve de alguna manera el sentimiento de culpa que nos acarrea el ver a las madres de familia durante todo el año llevando a cuestas una carga muy frecuentemente desproporcionada.
Pero ¿qué solemos, o solíamos, regalar a nuestra progenitora en su día? Licuadoras, sartenes, vajillas o, si de veras nos portábamos generosos y el presupuesto familiar lo permitía, una lavadora de ropa.
Los expertos en marketing han llegado a extremos como inventar homenajes tan absurdos como el día del compadre, el del abuelo y el de la secretaria, si bien, que yo sepa, no hay día de la comadre ni del secretario ni de la abuela. Y no es que compadres, comadres, secretarias y abuelos no merezcan todo nuestro respeto, admiración y cariño; el problema radica en los provocadores empujones propagandísticos para que sigamos comprando artículos que nadie necesita, los cuales muchas veces tienen que ser sufragados con tarjetas de crédito.
Pero hay otros festejos que considero particularmente afrentosos, por ser copias mal hechas de festividades importadas que, además de exacerbar el consumismo, socavan nuestra esencia como nación.
Me refiero al almidonado y cursi Día de San Valentín del 14 de febrero, cuando, además de un regalo, los amantes más apasionados llenan de pétalos de rosas el lecho íntimo de la pareja. ¡Qué gesto tan romántico! ¿O engomado?
Hablo también del Halloween gringo, que en muchas regiones de México ha venido a desplazar a nuestro tradicional Día de Muertos con bailes de disfraces donde los participantes no parecen tener otro oficio que hacer el ridículo.
Pero hay otro acontecimiento más azarosamente representativo de la penetración cultural (con todas y cada una de las acepciones del verbo penetrar) de que nuestra juventud es objeto a partir de la influencia de un sector de la sociedad que prefiere sentirse extranjero antes que mexicano. Me refiero al Día de Gracias o Thanksgiving.
Ya decíamos hace meses que nada hay de reprobable en ser agradecidos, pero de lo que los anglosajones en Estados Unidos dan gracias el último jueves de noviembre es del asentamiento de los colonizadores o Pilgrims, a principios de los 1600, tras el despojo de sus tierras y demás posesiones a los indios, a quienes además casi exterminaron.
En el colmo del malinchismo, sin referente alguno que sustente el significado de tal conmemoración y espoleados por un mimetismo incongruente, en muchos hogares mexicanos empiezan ya a celebrarse cenas de Thanksgiving.
Ojalá, como decíamos aquí mismo en noviembre de 2007, no estén celebrando el asentamiento de colonizadores anglosajones en nuestro territorio, aunque sí están propiciando el establecimiento de costumbres que poco a poco van privando a nuestra juventud de su identidad cultural.
Alberto@AquiMero.com
Sunday, June 14, 2009
¿Son excluyentes el sexo-procreación y el sexo-placer?
Por Alberto Avilés Senés
“Los hombres han hablado mucho de nuestra frigidez, pero ahora sabemos que es su impotencia la que los obsesiona”.
Patricia Rodríguez Saravia, psicóloga-sexóloga.
Muchos de nosotros, especialmente quienes fuimos objeto de una educación religiosa represiva, crecimos escuchando que la sexualidad era un mal necesario y que el coito sólo era legítimo cuando su fin no era obtener placer sino engendrar una nueva vida.
Incluso hoy en día, pasmosamente, persisten confesores, particularmente los que pertenecen a segmentos ultra-conservadores de la iglesia católica, que consideran que uno de los cometidos fundamentales de su ministerio es disuadir a hombres y mujeres de sostener relaciones sexuales cuando no están buscando descendencia.
El sexo-placer, independientemente de la circunstancia de los participantes, según esta línea de pensamiento, es intrínsecamente pecaminoso, como lo son el condón, las pastillas anticonceptivas y la píldora del día siguiente.
Afortunadamente las cosas empiezan a cambiar, y no tanto por la “generosidad” de los varones, sino más bien porque en las últimas décadas las mujeres han pugnado y luchado coordinada y acertadamente por la liberación sexual.
La autora de la cita con que inicia este texto, la psicóloga y sexóloga Patricia Rodríguez Saravia, escribió recientemente que debido a la “fantasiosa visión masculina acerca de nuestra sexualidad, es necesario que hablemos con libertad (…) de nuestras necesidades y preferencias sexuales” y de lo importantes que resultan “el preámbulo amoroso y el que los hombres sean tiernos después del coito. No somos máquinas y no podemos pasar (instantáneamente) de las noticias deportivas televisivas a un acto sexual demasiado breve…”.
Los conceptos del párrafo anterior cobran especial relevancia ante el hecho de que, hasta noviembre de 2005, en México, por ejemplo, un hombre podía disponer prácticamente a su antojo del cuerpo de “su” mujer, pues en nuestra legislación la cópula por la fuerza en el matrimonio sólo constituía "un ejercicio indebido de derecho".
Hoy, y desde entonces, por fortuna, el criterio jurídico de que es válido ejercer “moderada violencia” para obligar a la mujer a sostener un coito con su pareja, es anacrónico. Esta acción se configura actualmente, en términos legales, como siempre debió haberse llamado: delito de violación sexual.
Como queda dicho, las cosas empiezan a cambiar, pero no al ritmo que requiere la justa y equitativa convivencia entre los géneros. Es inaudito que hace menos de cuatro años el matrimonio hubiera sido visto como un contrato civil en el que intrínsecamente se aceptada que la mujer sostuviera relaciones sexuales incluso en contra de su voluntad.
Pero no es sólo legalmente, sino además vivencialmente, que en nuestra sociedad se está operando una transformación. Cada vez menos el sexo no reproductivo es considerado con criterios medievales.
“Los jóvenes –según Martín Bonfil Olivera– siguen los impulsos hormonales (…) y, en general, la gente aprovecha su sexualidad como una forma de comunicarse, de expresar amor, o de simplemente buscar un bien merecido placer”.
Contra los atavismos y el oscurantismo religioso, una vez más, la ciencia juega en este caso un papel preponderante, con el advenimiento de los antibióticos, el condón y las píldoras.
¿Estamos, al incluir a la ciencia en este debate, abogando por el desenfreno sexual? Absolutamente no. Al contrario; ésta es una reflexión acerca de la necesidad de asumir una actitud responsable, pero despojada de tabúes, respecto a nuestra sexualidad.
Estamos hablando de conductas que de todas maneras ocurren, pues el instinto de conservación de la especie es refractario, venturosamente, a toda enseñanza doctrinal prejuiciosa y parcial, como aquella que establece que la virginidad es la principal aportación de la mujer a una relación de pareja.
Alberto@AquiMero.com
“Los hombres han hablado mucho de nuestra frigidez, pero ahora sabemos que es su impotencia la que los obsesiona”.
Patricia Rodríguez Saravia, psicóloga-sexóloga.
Muchos de nosotros, especialmente quienes fuimos objeto de una educación religiosa represiva, crecimos escuchando que la sexualidad era un mal necesario y que el coito sólo era legítimo cuando su fin no era obtener placer sino engendrar una nueva vida.
Incluso hoy en día, pasmosamente, persisten confesores, particularmente los que pertenecen a segmentos ultra-conservadores de la iglesia católica, que consideran que uno de los cometidos fundamentales de su ministerio es disuadir a hombres y mujeres de sostener relaciones sexuales cuando no están buscando descendencia.
El sexo-placer, independientemente de la circunstancia de los participantes, según esta línea de pensamiento, es intrínsecamente pecaminoso, como lo son el condón, las pastillas anticonceptivas y la píldora del día siguiente.
Afortunadamente las cosas empiezan a cambiar, y no tanto por la “generosidad” de los varones, sino más bien porque en las últimas décadas las mujeres han pugnado y luchado coordinada y acertadamente por la liberación sexual.
La autora de la cita con que inicia este texto, la psicóloga y sexóloga Patricia Rodríguez Saravia, escribió recientemente que debido a la “fantasiosa visión masculina acerca de nuestra sexualidad, es necesario que hablemos con libertad (…) de nuestras necesidades y preferencias sexuales” y de lo importantes que resultan “el preámbulo amoroso y el que los hombres sean tiernos después del coito. No somos máquinas y no podemos pasar (instantáneamente) de las noticias deportivas televisivas a un acto sexual demasiado breve…”.
Los conceptos del párrafo anterior cobran especial relevancia ante el hecho de que, hasta noviembre de 2005, en México, por ejemplo, un hombre podía disponer prácticamente a su antojo del cuerpo de “su” mujer, pues en nuestra legislación la cópula por la fuerza en el matrimonio sólo constituía "un ejercicio indebido de derecho".
Hoy, y desde entonces, por fortuna, el criterio jurídico de que es válido ejercer “moderada violencia” para obligar a la mujer a sostener un coito con su pareja, es anacrónico. Esta acción se configura actualmente, en términos legales, como siempre debió haberse llamado: delito de violación sexual.
Como queda dicho, las cosas empiezan a cambiar, pero no al ritmo que requiere la justa y equitativa convivencia entre los géneros. Es inaudito que hace menos de cuatro años el matrimonio hubiera sido visto como un contrato civil en el que intrínsecamente se aceptada que la mujer sostuviera relaciones sexuales incluso en contra de su voluntad.
Pero no es sólo legalmente, sino además vivencialmente, que en nuestra sociedad se está operando una transformación. Cada vez menos el sexo no reproductivo es considerado con criterios medievales.
“Los jóvenes –según Martín Bonfil Olivera– siguen los impulsos hormonales (…) y, en general, la gente aprovecha su sexualidad como una forma de comunicarse, de expresar amor, o de simplemente buscar un bien merecido placer”.
Contra los atavismos y el oscurantismo religioso, una vez más, la ciencia juega en este caso un papel preponderante, con el advenimiento de los antibióticos, el condón y las píldoras.
¿Estamos, al incluir a la ciencia en este debate, abogando por el desenfreno sexual? Absolutamente no. Al contrario; ésta es una reflexión acerca de la necesidad de asumir una actitud responsable, pero despojada de tabúes, respecto a nuestra sexualidad.
Estamos hablando de conductas que de todas maneras ocurren, pues el instinto de conservación de la especie es refractario, venturosamente, a toda enseñanza doctrinal prejuiciosa y parcial, como aquella que establece que la virginidad es la principal aportación de la mujer a una relación de pareja.
Alberto@AquiMero.com
Sunday, June 07, 2009
Inequidad y violencia de género
Por Alberto Avilés Senés
“La violencia ejercida contra la mujer es un fenómeno universal que persiste en todos los países del mundo”: Organización Mundial de la Salud.
“La ropa sucia se lava en casa”, con frecuencia argumentan aquellos que abusan de la mujer con la que viven, para mantener ocultas e impunes sus cotidianas salvajadas.
Según un estudio practicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2005 sobre la salud de la mujer y la violencia de género, las mujeres víctimas de dicha violencia casi siempre conocen bien al forajido causante.
Esta circunstancia, aceptada como una cosa “normal”, y que sigue siendo brutalmente común en la mayoría de las sociedades del planeta, a partir de la Conferencia Mundial de Derechos
Humanos, y la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, que se remontan ambas a 2003, ha obligado a muchos gobiernos a reconocer que la violencia ejercida contra la mujer constituye además un grave problema de salud.
Se han promulgado leyes, incluido México, por supuesto, que garantizan constitucionalmente la equidad entre los géneros, y esto ha contribuido a que por fin avancemos en el camino acertado, pero el trecho que falta por recorrer es aún enorme.
La discriminación contra las mujeres está enraizada en los acuerdos, tácitos y explícitos, que aglutinan a todas las sociedades desde los inicios de la historia. Nuestro lenguaje, específicamente el español, es un lenguaje sexista que no otorga el mismo peso a los artículos “el” y “la”, y al que con imperdonables lentitud y reticencia se han ido incorporando términos como presidenta, directora, alcaldesa, concejala, jueza.
Asumiendo que la siguiente afirmación pudiera resultar polémica, creo que no podemos sustraernos al hecho de que virtualmente en todas las religiones se adora a un dios varón. Los ministros de culto han sido también, a través de los siglos, eminentemente varones.
Los países, a lo largo de la historia, han sido gobernados por varones, con muy pocas pero ejemplares excepciones, y aun así no hemos aprendido que las mujeres son mejores gobernantes que los hombres.
En México, fue hasta 1953 cuando las mujeres pudieron por primera vez ejercer su derecho al voto, y en países como Sudáfrica esto sucedió apenas en 1994, si bien con anterioridad podían ahí sufragar las mujeres de piel blanca.
El estudio de la OMS aludido desafía la percepción de que el hogar es un lugar seguro para la mujer, y consigna que “la violencia ejercida contra la mujer tiene unas repercusiones mucho mayores que el daño inmediato causado a la víctima. Tiene consecuencias devastadoras para las mujeres que la experimentan, y un efecto traumático para los que la presencian, en particular los niños. Representa algo vergonzoso para los Estados que no logran evitarla y las sociedades que la toleran”.
En el noroeste de México, particularmente en el estado de Sinaloa, la directora general del Instituto de las Mujeres, Margarita Urías Burgos, ha expresado que “las sinaloenses reconocen que se ha avanzado en un andamiaje jurídico (y) normativo (…) para construir una auténtica cultura de igualdad”, pero ha sido muy tajante al manifestar que “la nuestra es una lucha cuesta arriba” y que “el trabajo para modificar las actitudes y conductas misóginas es arduo y largo”.
Según Urías Burgos, Sinaloa es la cuarta entidad que instala el Sistema Estatal para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, y uno de los 18 estados que tienen su ley respectiva.
Lo cierto es que aún no terminamos de comprender que la equidad de género no es un asunto exclusivo de las mujeres. Cuando practiquemos la igualdad, cuando las mujeres perciban el mismo salario que los hombres por un trabajo comparable, cuando nos atrevamos a detener la violencia física, sexual y emocional contra las mujeres, no serán ellas las ganadoras, pues al existir de veras equidad de género, ganamos todos; la beneficiaria es la sociedad en su conjunto.
Alberto@AquiMero.com
Sunday, May 31, 2009
Convocatoria a diplomáticos sinaloenses
Por Alberto Avilés Senés
Seguramente omitiré, involuntariamente, varios nombres, pero ésta es una reflexión sin las pretensiones de una monografía acerca del sobresaliente papel que han jugado numerosos sinaloenses en el diseño y ejecución de la diplomacia mexicana.
Es también una invitación a que utilicemos ese activo en la construcción de un nuevo rostro de Sinaloa en el extranjero.
Empecemos con el mazatleco Genaro Estrada, autor de la insigne Doctrina Estrada, que además de haber dado a México estatura en el nivel diplomático internacional, guió por muchas décadas nuestra política exterior de no intervención y autodeterminación de los pueblos. Estrada, quien vivió de 1887 a 1937, fue además un destacado novelista, poeta y periodista.
Sigamos con Gilberto Owen, nacido en Rosario en 1904, laureado escritor entre cuyas obras se destacan Desvelo, La llama fría y Perseo vencido, fue primero cónsul en Guayaquil, Ecuador, y años más tarde ocupó el mismo cargo en Filadelfia, Estados Unidos, donde murió en 1952.
Rodolfo González Guevara, un latinoamericanista de pensamiento progresista fallecido en 2003 tras una fructífera vida en las esferas jurídica, académica y política, fue el embajador de México en España entre 1983 y 1987.
Pero ellos ya no se adherirán activamente al fomento de nuestra imagen internacional. Son parte de un inmortal pretérito de donde, eso sí, podemos abrevar.
Debemos, sin duda, sumar a nuestros diplomáticos sinaloenses vivos, especialmente a los que actualmente ocupan un cargo en el Servicio Exterior, a esta urgente e inaplazable tarea de redimensionar el perfil de Sinaloa en el mundo.
Pertenecientes a diferentes corrientes y partidos políticos, o de plano apartidistas, convoquemos a publicitar lo que de veras es Sinaloa a los siguientes exponentes de nuestra diplomacia, citados en un orden arbitrario:
Heriberto Galindo Quiñones, ex-embajador de México en Cuba y ex-cónsul general de México en Chicago, quien además de haber sido legislador ha ocupado diversos cargos relevantes en la administración pública y de dirigencia partidaria, es un experto en medios de comunicación.
Carlos F. Almada, ex-embajador mexicano en Portugal, que igualmente ha desempeñado diferentes cargos públicos, obtuvo el premio nacional de Administración Pública en 1980 por su obra La administración estatal en México.
José Ángel Pescador Osuna, quien en dos períodos fungió como cónsul general de México en Los Ángeles, inauguró una era de diplomacia comprometida, militante y casi activista en la defensa de los derechos de los mexicanos en California. Pescador es actualmente el coordinador de la Comisión Estatal para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia.
José Luis Soberanes Reyes, ex senador de la República, fue nombrado cónsul general de México en Sacramento, California, a principios de la presente década. Soberanes, un político con una gran vocación institucional, sirvió a nuestro país con equivalente diligencia a la hora de proteger a sus paisanos en su circunscripción.
Sergio Ley López, quien fungió como embajador de México en China e Indonesia, es el actual presidente del Centro Asia Pacífico del campus Guadalajara. Habría que desear que la excelente labor de Ley López en China fuera preservada por el actual representante de nuestro país en aquél.
Francisco Labastida Ochoa, ex-gobernador del estado, hoy senador de la República, fue, igual que Almada López, embajador de México en Portugal. Labastida ocupó varias carteras en el gabinete federal y compitió por la presidencia de México.
Enrique Hubbard Urrea, ex-embajador de nuestro país en Filipinas, es actualmente el cónsul general de México en Dallas, Texas, una circunscripción habitada por numerosos compatriotas. Hubbard, un diplomático de carrera, fue en Filipinas un excelente enviado.
Diego Valadez Ríos, destacado jurista y académico, además de ser uno de los más entusiastas promotores de la modernización jurídica en México y miembro actualmente de El Colegio de Sinaloa, fue embajador de México en Guatemala.
César Leal Angulo, quien entre 2001 y 2004 fue nuestro embajador en Grecia, es actualmente senador de la República, donde preside la Comisión de Relaciones Exteriores para América Latina y el Caribe.
Carlos Ignacio González Magallón, actual cónsul general de México en Houston, Texas, es un diplomático con más de cuatro décadas en el Servicio Exterior que ha representado a México en países como la antigua Yugoslavia, Japón, Nueva Zelandia, Grecia, Colombia y Estados Unidos.
Francisco Apodaca y Osuna fue embajador de México en Nicaragua, Finlandia, la República Árabe Unida y, en 1973, cuando desempeñó el mismo cargo en Líbano, se le encomendó la tarea de cerrar la embajada a raíz del estallido de la guerra en dicho país.
Emilio Goicochea Luna, empresario mazatleco que en su oportunidad se postuló como candidato a gobernador de Sinaloa, fue el embajador de México ante Canadá entre 2007 y parte de 2009.
Ellos y los y las Sinaloenses Ejemplares en el Mundo, podrían ser excelentes promotores de una nueva expresión, globalmente, de Sinaloa.
Alberto@AquiMero.com
Seguramente omitiré, involuntariamente, varios nombres, pero ésta es una reflexión sin las pretensiones de una monografía acerca del sobresaliente papel que han jugado numerosos sinaloenses en el diseño y ejecución de la diplomacia mexicana.
Es también una invitación a que utilicemos ese activo en la construcción de un nuevo rostro de Sinaloa en el extranjero.
Empecemos con el mazatleco Genaro Estrada, autor de la insigne Doctrina Estrada, que además de haber dado a México estatura en el nivel diplomático internacional, guió por muchas décadas nuestra política exterior de no intervención y autodeterminación de los pueblos. Estrada, quien vivió de 1887 a 1937, fue además un destacado novelista, poeta y periodista.
Sigamos con Gilberto Owen, nacido en Rosario en 1904, laureado escritor entre cuyas obras se destacan Desvelo, La llama fría y Perseo vencido, fue primero cónsul en Guayaquil, Ecuador, y años más tarde ocupó el mismo cargo en Filadelfia, Estados Unidos, donde murió en 1952.
Rodolfo González Guevara, un latinoamericanista de pensamiento progresista fallecido en 2003 tras una fructífera vida en las esferas jurídica, académica y política, fue el embajador de México en España entre 1983 y 1987.
Pero ellos ya no se adherirán activamente al fomento de nuestra imagen internacional. Son parte de un inmortal pretérito de donde, eso sí, podemos abrevar.
Debemos, sin duda, sumar a nuestros diplomáticos sinaloenses vivos, especialmente a los que actualmente ocupan un cargo en el Servicio Exterior, a esta urgente e inaplazable tarea de redimensionar el perfil de Sinaloa en el mundo.
Pertenecientes a diferentes corrientes y partidos políticos, o de plano apartidistas, convoquemos a publicitar lo que de veras es Sinaloa a los siguientes exponentes de nuestra diplomacia, citados en un orden arbitrario:
Heriberto Galindo Quiñones, ex-embajador de México en Cuba y ex-cónsul general de México en Chicago, quien además de haber sido legislador ha ocupado diversos cargos relevantes en la administración pública y de dirigencia partidaria, es un experto en medios de comunicación.
Carlos F. Almada, ex-embajador mexicano en Portugal, que igualmente ha desempeñado diferentes cargos públicos, obtuvo el premio nacional de Administración Pública en 1980 por su obra La administración estatal en México.
José Ángel Pescador Osuna, quien en dos períodos fungió como cónsul general de México en Los Ángeles, inauguró una era de diplomacia comprometida, militante y casi activista en la defensa de los derechos de los mexicanos en California. Pescador es actualmente el coordinador de la Comisión Estatal para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia.
José Luis Soberanes Reyes, ex senador de la República, fue nombrado cónsul general de México en Sacramento, California, a principios de la presente década. Soberanes, un político con una gran vocación institucional, sirvió a nuestro país con equivalente diligencia a la hora de proteger a sus paisanos en su circunscripción.
Sergio Ley López, quien fungió como embajador de México en China e Indonesia, es el actual presidente del Centro Asia Pacífico del campus Guadalajara. Habría que desear que la excelente labor de Ley López en China fuera preservada por el actual representante de nuestro país en aquél.
Francisco Labastida Ochoa, ex-gobernador del estado, hoy senador de la República, fue, igual que Almada López, embajador de México en Portugal. Labastida ocupó varias carteras en el gabinete federal y compitió por la presidencia de México.
Enrique Hubbard Urrea, ex-embajador de nuestro país en Filipinas, es actualmente el cónsul general de México en Dallas, Texas, una circunscripción habitada por numerosos compatriotas. Hubbard, un diplomático de carrera, fue en Filipinas un excelente enviado.
Diego Valadez Ríos, destacado jurista y académico, además de ser uno de los más entusiastas promotores de la modernización jurídica en México y miembro actualmente de El Colegio de Sinaloa, fue embajador de México en Guatemala.
César Leal Angulo, quien entre 2001 y 2004 fue nuestro embajador en Grecia, es actualmente senador de la República, donde preside la Comisión de Relaciones Exteriores para América Latina y el Caribe.
Carlos Ignacio González Magallón, actual cónsul general de México en Houston, Texas, es un diplomático con más de cuatro décadas en el Servicio Exterior que ha representado a México en países como la antigua Yugoslavia, Japón, Nueva Zelandia, Grecia, Colombia y Estados Unidos.
Francisco Apodaca y Osuna fue embajador de México en Nicaragua, Finlandia, la República Árabe Unida y, en 1973, cuando desempeñó el mismo cargo en Líbano, se le encomendó la tarea de cerrar la embajada a raíz del estallido de la guerra en dicho país.
Emilio Goicochea Luna, empresario mazatleco que en su oportunidad se postuló como candidato a gobernador de Sinaloa, fue el embajador de México ante Canadá entre 2007 y parte de 2009.
Ellos y los y las Sinaloenses Ejemplares en el Mundo, podrían ser excelentes promotores de una nueva expresión, globalmente, de Sinaloa.
Alberto@AquiMero.com
Sunday, May 24, 2009
“El saber del sabor sinaloense”
“…uno de los elementos culturales básicos y definitorios del perfil de un pueblo es la forma de alimentarse”.
Raúl Cervantes Ahumada, en Sinaloa, raíz y proyección de su historia.
Empecemos por el final. El título de esta columna es el mismo que llevará, cuando se publique, una obra que probablemente cambiará la noción que de nosotros mismos tenemos los sinaloenses.
Los nuevos libros se reseñan una vez editados y presentados, no antes, pero la tentación de compartir contigo (¿nos hablamos de tú?) la audaz tesis de la autora de El saber del sabor sinaloense, Alma Cervantes Cota, de que el sinaloense es como es debido a la manera como ancestralmente se ha alimentado, fue más fuerte que la prudente paciencia.
La presentación de este volumen, prologado por una ilustre pluma sinaloense cuya identidad dejamos reservada, arranca diciendo que se trata de “una revisión histórica de la cocina de Sinaloa, desde la época prehispánica”; que su objetivo “es mostrar la evolución de la alimentación de los sinaloenses a lo largo de los siglos; las influencias que ha recibido de otras partes de México y del extranjero; la aportación de la cocina regional al país y al mundo”, y el papel del binomio alimentación y cultura “en la formación del alma sinaloense actual (…), es una aportación a la búsqueda de nuestras raíces y al fortalecimiento de la identidad local y nacional”.
¡Palabras enormes! Cervantes Cota no habla por hablar. Su obra es el resultado de prolongadas horas de reflexión sobre sus incontables viajes y una profunda y sesuda investigación historiográfica.
Excelente chef ella misma, Alma inicia hablándonos de la gastronomía prehispánica, donde plantea el origen de nuestra identidad culinaria; continúa reseñando la gastronomía colonial, explicando la “revolución del mestizaje culinario”, y aborda al final las características de las épocas independiente y contemporánea, definiendo las nuevas influencias
Y, por supuesto, el libro incluye un recetario, pero no una colección de esas recetas que nadie entiende debido a que el nombre de los ingredientes nos es frecuentemente desconocido. Contiene, pues, también un glosario.
El saber del sabor sinaloense, según el revisor del libro, Francisco Avilés Sánchez, “permite al estudioso y al lector común hallar el hilo conductor que representa la alimentación en la historia de Sinaloa, la razón de ser de cada platillo y la forma como se fue integrando y evolucionando una cocina tan peculiar”, y agrega que frente a la llamada comida chatarra, “nuestra cocina tradicional es (…) la mejor defensa en el campo de la nutrición, pero también un instrumento de reafirmación de nuestra identidad cultural”.
Alma Cervantes no sólo habla de la influencia de las cocinas francesa, española y china en nuestro sazón sinaloense; afirma también que “al tomar nuevos rumbos, la importancia de los ingredientes americanos pasó de la mera preparación de un platillo a otra de índole económica y por lo tanto política; su demanda generalizada contribuyó a la explotación indígena en el campo y dio lugar a grandes negocios y riquezas” para los administradores del virreinato.
Además de explicarnos el origen y evolución histórica del chilorio, la machaca, el pozole de quelites, el colache (que en la Colonia se llamaba bichicori), la chuina (platillo tradicional de Escuinapa preparado con carne de venado), los bichis en chile verde, los mochomos, las coyotas (que son también sonorenses), el caldillo y los coricos, en El saber del sabor sinaloense Alma Cervantes Cota nos enseña a prepararlos.
Este libro es, pues, el resultado de una visión intrépida, un extenso trabajo de campo y una minuciosa y selecta recopilación bibliográfica que cada mexicano, no sólo los sinaloenses, deberíamos permitirnos disfrutar. Estaremos informándote cuando haya sido impreso y puesto a la venta.
Alberto@AquiMero.com
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