Sunday, April 23, 2006

Qué hacer este 1 de Mayo

Por Alberto Avilés Senés

Diversas organizaciones han convocado a los latinos de Estados Unidos a un paro nacional de labores para este primero de mayo, fecha en que se celebra en nuestros países el Día del Trabajo, para continuar con las movilizaciones con que buscamos una reforma migratoria justa.

Hemos escuchado también voces que advierten del posible efecto contraproducente de tal acción, pues, dicen, una demostración de tal naturaleza y magnitud podría alienar al gran público estadounidense y transformar en rechazo la relativa simpatía que ha despertado nuestro movimiento.

Otros sostienen que ese día, con tal de hacer sentir nuestra fuerza, debemos jugarnos el todo por el todo y apostar a que el paro y el boicot pongan de rodillas al sistema y lo obliguen a conceder una amnistía ilimitada. Quienes así opinan, anticipadamente tachan de esquiroles a quienes piensan acudir a trabajar, sin ponerse a pensar que no todos se pueden dar el lujo de arriesgarse a perder el empleo y dejar a la familia en una situación más precaria.

Y si bien el próximo lunes se convertirá seguramente en un día de serias definiciones, la verdad es que existen muchas maneras de participar en la protesta sin faltar a trabajar. Nadie que corra el riesgo de ser despedido debería hacerlo, pues no necesitamos héroes, sino una comunidad unida con el mayor nivel de seguridad laboral posible.

La discusión no es si debemos parar o no, pues no podemos permitir que ese debate nos divida y nos debilite. El espectáculo más deplorable que podríamos dar es el de resquebrajar al movimiento con pugnas internas. Qué bueno que muchos pudieran ausentarse pidiendo un día sin goce de sueldo, utilizando sus vacaciones acumuladas o solicitando una licencia por enfermedad, para de esa manera participar en la protesta.

Pero hay muchos miles de simpatizantes del movimiento que no pueden o no están dispuestos a parar, y tenemos que respetar la decisión que ellos tomen. Debemos, eso sí, recordar a estas personas que les queda un abanico muy amplio de opciones si de todas formas quieren sumarse a la causa.

Podemos no comprar gasolina ni víveres e ir al trabajo vistiendo una camiseta blanca. Habrá quienes organicen una vigilia o promuevan discusiones en la escuela, la fábrica o la oficina acerca de por qué es urgente la reforma migratoria.

Podemos también informar a nuestros compañeros de trabajo sobre la contribución de los migrantes a la sociedad estadounidense, o acudir, después de la jornada laboral o de clases, a una de las muchas marchas que en todo el país están también convocadas. Seguramente muchos de nosotros elegiremos más de una de estas opciones.

Algunos llamaremos o escribiremos a nuestros amigos y familiares en México para solicitarles que se unan al boicot, pues en el mundo globalizado lo que ocurre en un lugar del planeta repercute en otro, con mucha más razón en este caso particular, en el que una parte importante de los mexicanos vivimos en Estados Unidos y las economías de ambos países son irremisiblemente interdependientes.

Pero no debemos olvidar que están a punto de reanudarse en el Congreso las negociaciones sobre la reforma migratoria que temporalmente se interrumpieron durante las semanas Santa y de Pascua, y que todavía existen posibilidades de que la ley resultante pudiera ser benéfica.

De hecho, aunque por el momento la discusión entre los legisladores se volviera a estancar, podemos decir que hemos alcanzado ya una primera victoria: la aniquilación de la minuta Sensenbrenner, que pretendía transformar en ofensa criminal la falta administrativa de permanecer en Estados Unidos de manera indocumentada, y que además buscaba convertir en criminales a quienes auxiliaran o emplearan a un indocumentado.

Este movimiento apenas empieza. Necesitamos prepararnos para una larga lucha y, por lo tanto, no gastar en una sola exhibición toda nuestra capacidad de militancia táctica, lo cual no quiere decir que debamos aflojar el paso.

Son esenciales, ni duda cabe, conservar la determinación de hacernos escuchar, mantener la unidad y continuar comportándonos con la misma mesura que hemos observado hasta ahora en todas las movilizaciones, a pesar de las provocaciones. ¡Sí se puede!

* Alberto Avilés Senés es miembro del Consejo Consultivo del Instituto de los Mexicanos en el Exterior (CC-IME).

avilesalberto@msn.com

1 comments:

Ricardo Iglesias said...

Don Alberto:
Que bueno que sus mensajes manifiestan a sensatez propia del conocimiento de los movimientos sociales, y como usted propone, efectivamente nada más vistiendo de blanco en toda la nación puede ser una de las manifestaciones más civilizadas de protesta independientemente de las marchas o los actos multitudinarios.
En el programa PURO SABOR MEXICANO
el vocero de Illinois, recomendó hacer las manifestaciones en el horario más cercano al final de las clases o labores lo que también es una excelente idea.No le parece?
Reciba un saludo.
Ricardo Iglesias Flores